No queremos engañarte, no queremos pretender lo que el sector quiere que pretendamos. Seremos honestos, porque la honestidad es una obligación, y así te podemos decir que:

No estamos de acuerdo con el fomento de las auto-ediciones. 

Creemos en los autores que publicamos, en su literatura y su manera de manifestar su arte. Nunca propondremos, no es nuestro estilo, el que un autor se pague su publicación, ni pretendemos engordar nuestro catálogo con un sinfín de obras de autores auto-financiados. Nuestra apuesta combate las malas prácticas de muchas editoriales, que son capaces de sacar a la luz comercial libros repletos de errores gramaticales y sintácticos elementales.

Aportamos un equipo de profesionales, pasando por diseñadores, editores, correctores de estilo, publicistas, y sobre todo, soñadores que están dispuestos a hacer de la obra de sus autores algo grande y al alcance de los lectores comprometidos con la literatura y la vida.

No distribuimos nuestras obras en plataformas masivas de venta.

Nuestros libros se publican únicamente en nuestro proyecto editorial. La razón única es la independencia, la necesidad de sabernos libres y dotar de esa libertad a los autores que publican con nosotros.  Somos independientes, publicamos lo que consideramos acorde a la forma en la que sentimos la literatura. Somos tritones que saben que nada tienen que perder y sí mucho que ganar. Transmitir a nuestros autores todo esto es una de nuestras obligaciones.

No aceptamos subvenciones ni el famoso “crowdfunding”…

que únicamente sirven para que las editoriales publiquen a costa de amigos y familiares libros a coste prácticamente cero. No nos parece, a pesar de lo moderno de su denomicación, una práctica que respete a los autores ni a sus lectores. Nosotros, como toda editorial honesta, creemos y cuidamos a nuestros autores, a aquellos que saben que su sentir artístico es el nuestro.

Queremos, para finalizar esta declaración de intenciones, dejar claro que no hay nada más hermoso que un libro que duela, que incomode, que emocione desde la espesura de las letras cuyo consumo no es posible. El dolor literario necesita partir de un páramo libre, sin caciques ni señores del arte de la literatura.

 

Somos como nos ves, una camiseta al aire, manchada de carmín, de tinta, de guisos ancestrales, de sangre que solo brota después de la batalla.